Una buena traducción empieza en el momento de redactar el texto original. Tenga en cuenta a quién va dirigido el texto y adecúe el estilo y la terminología a la naturaleza o la finalidad de cada documento.

Escriba el texto en un estilo simple y escueto, evitando ambigüedades. Sea coherente con la utilización del vocabulario, sobre todo en las traducciones técnicas. Evite las repeticiones y procure no utilizar terminología confusa, localismos y siglas poco claras que puedan dificultar la comprensión del texto.

Realice todas las adaptaciones necesarias en caso de que recicle un texto anterior o de que reutilice fragmentos procedentes de diversos documentos para componer un nuevo texto.

Relea el texto antes de enviarlo a traducir.

Facilite toda la información que pueda sobre el texto que se debe traducir (finalidad, etc.) y, si es posible, proporcione glosarios y material de referencia.

Envíe textos definitivos y completos, ya que los cambios constantes en los documentos aumentan la probabilidad de que se produzcan errores.

Dé instrucciones claras e inequívocas y especifique el plazo de entrega que desea.

Asegúrese de que el pedido haya llegado correctamente.

Prevea el tiempo necesario. Desengáñese, nadie podrá ofrecerle la mejor calidad «para ayer».

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