Cliente (C): ¡Muy buenos días, mi queridísima traductora!

Traductora Prodigiosa (TP): Wow, te veo de muy buen humor hoy. ¿Qué pasa? ¿Tu jefe te ha subido el sueldo?

C: No. Pero he averiguado cómo puedes simplificar tu trabajo y ahorrar costes.

TP: ¡Bien! ¿Por fin me vas a enviar archivos PDF que se puedan convertir bien y sin errores?

C: ¡Qué va! Mucho mejor que eso. Hemos hecho unas pruebas con una herramienta nueva… no me he enterado bien de cómo se llama…Deep Purple o Blue Velvet…o algo así. El caso es que vamos a traducir nuestros textos con este programa, y tú solo tendrás que hacer pequeñas correcciones para editarlos. ¿No es fantástico?

TP: (se queda muda durante unos segundos)

C: Hola, ¿sigues ahí?

TP: (respira hondo antes de responder): Querido cliente, no sé si esa es una buena idea…

C: ¿Cómo que no? ¡Pero si funciona fenomenal!

TP: Bueno, sí, es mejor que otras herramientas. Pero no es eso.

C: ¿Entonces? Lo que pasa es que tienes miedo de quedarte sin trabajo.

TP: (Ríe) Seguro que no. Solo que…

C: Ya lo sé: vas a cobrar menos por solo editar y corregir.

TP: Qué va. No es nada de eso. ¿Me vas a escuchar un momento?

C: Vale. Cuenta, cuenta, soy todo oídos.

TP: Supongo que eres consciente de que en mi empresa ya utilizamos programas que nos ayudan a mejorar la productividad, ¿verdad? Con ellos detectamos por ejemplo repeticiones, somos más productivos y te podemos ofrecer unos precios más ajustados.

C: Sí, sí, y cuento con vuestros buenos precios.

TP: (suspira) Pero un precio más ajustado no es el único beneficio. Por ejemplo, puedes estar seguro de que determinados términos los traduciremos siempre de la misma manera, porque nuestra empresa dispone de una herramienta de gestión terminológica. ¿Me sigues?

C: Hasta ahora, sí.

TP: Pues bien: ese programa maravilloso del que hablas no detecta las repeticiones. Y te apuesto lo que quieras a que el programa maravilloso que me dices no sabe que hay que traducir vuestro término “Services” como “soluciones” y no como “servicios”.

C: (piensa unos momentos) OK, tienes razón. Pero tu empresa lleva muchos años traduciendo para nosotros, y seguro que tú serás capaz de detectar estos errores de un vistazo. Y una pequeña corrección siempre será más barata que una traducción, ¿no crees?

TP: Me temo que no bastará con unas pequeñas correcciones…

C: Ahora sí que no te sigo. Acabas de confirmar que este programa del que te hablé antes consigue mejores resultados que otros. Entonces… ¿Cómo es que serán necesarias más correcciones?

TP: Pues es muy sencillo. Imagínate que ese programa comete cincuenta veces el mismo error. Tendré que corregirlo cincuenta veces, no solo una.

C: Bueno, sí, pero…

TP: Y seguramente, “tu” programa traduzca un mismo término de una forma distinta cada vez. Más correcciones.

C: Bueno, sí, pero…

TP: Y ¿qué pasa si el original contiene un error y el programa no lo detecta? ¿O si no entiende el texto y traduce algo que no tiene sentido? Eso supondrá aún más trabajo…

C: (callado)

TP: Eso sin hablar de frases que se pueden interpretar de varias maneras o que no se entienden a la primera… Créeme: “tu” programa no te preguntará cómo hay que interpretar la frase o el párrafo. Por cierto: ¿Cómo valoras el tiempo que tendrás que dedicar a responder a mis dudas?

C: (Sigue callado)

TP: Además, con ese programa, tus traducciones no quedarían registradas en mi sistema. No podrías seguir beneficiándote de mis descuentos.

C: (el silencio comienza a ser sepulcral)

TP: Bueno, y queda el pequeño detalle de la confidencialidad. A lo mejor consigues que ese programa te firme cada vez un compromiso de confidencialidad. (ríe con sorna) Me estoy acordando de vuestro último informe financiero. Tus jefes insistían mucho en lo de la confidencialidad.

C: (enojado) Está bien, está bien. Pues nada del Blue Velvet.

TP: Bueno, tampoco te pongas así. Yo no he dicho eso.

C: Me estás volviendo loco, querida traductora. No entiendo nada.

TP: Relájate, querido cliente. Deja que sigamos haciendo las cosas como hasta ahora. Nosotros sabemos cómo hacerlo y así te seguirá yendo bien.

C: Tengo que admitir una cosa: a la hora de traducir, sois muy buenos y tú, a la hora de aguarme la fiesta, eres una artista.

TP: No te enfades, querido cliente. Otro día te mandaré la traducción que alguien hizo con un programa de esos al Ayuntamiento de Santander. Verás que risa.

 

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Ha sido traducido del alemán y adaptado al español por Günther Haltermann (AB Traduktalia) y Andrea Jaiser (Euro-Text) en exclusiva para ANETI con autorización del propietario.

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