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What’s Up with translations of WhatsApps?

La traducción de wasaps, lejos de ser sencilla y rentable, resulta un trabajo arduo, incómodo, cuyos resultados pocas veces dejan satisfecho al traductor, con una difusa responsabilidad sobre lo que puede conllevar y, además, con una remuneración que no refleja la labor realizada. ¿Por qué?

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería ocupan cada vez un número mayor (y más diverso) de espacios en nuestra vida. Una de las aplicaciones más utilizadas, WhatsApp, se ha convertido en una herramienta de comunicación fundamental, y, como tal, su contenido se ha vuelto susceptible de ser traducido.

Mayormente, la traducción de wasaps se limita a instancias policiales y judiciales, ya que es habitual que se presenten como pruebas o evidencias que demuestran la comisión de un delito (chantajes, engaños, estafas, amenazas, etc.) o como acompañamiento contextual para procedimientos judiciales en curso.

La complejidad de la traducción de wasaps

Desde un punto de vista meramente lingüístico, las muchas ventajas relativas a la inmediatez y el carácter casi oral empleado en esta herramienta se traducen en un nuevo formato de texto, diferente a todo lo anterior, que no encaja en la clasificación clásica de las tipologías textuales, con las dificultades traductológicas que eso entraña.

Es habitual que quien los escribe los utilice como sustitutivo de una conversación o una llamada telefónica. Se trata, por tanto, de interacciones o frases breves, inmediatas, directas, sin un proceso reflexivo previo que depure su contenido antes del envío.

De esta manera, y a pesar del autocorrector integrado en muchos dispositivos, no suelen cuidar los aspectos propios de la comunicación escrita, como una adecuada ortografía, una sintaxis fluida y una gramática correcta, siendo habitual una ausencia de artículos, preposiciones, puntuación y nexos discursivos.

El caso anterior se agrava cuando involucra a lenguas minoritarias (y minorizadas), que tienen que luchar a diario contra el autocorrector, lo que deriva en un mayor número de errores tipográficos que en otras lenguas, o que no comparten el alfabeto predefinido en los dispositivos adquiridos en territorio nacional.

También es recurrente el uso de emojis que, aunque se diga pueden expresar más que mil palabras, presentan la dificultad de su correcta interpretación, no tanto en la comprensión de su carga semántica, sino en la interpretación y el nivel de intensidad que le otorgan los propios interlocutores. Por ejemplo, una cara enfadada puede significar un mero reproche en tono de broma o un aviso inminente de una agresión física en casos de maltrato.

No obstante, el aspecto más relevante y que más condiciona y dificulta nuestra labor es el de las relaciones privadas entre los interlocutores. La aplicación se emplea, generalmente, en interacciones familiares o de grupos de amigos, de carácter informal y, sobre todo, muy personal. Así, suelen ser mensajes que expresan más de lo que dicen, que denotan sobreentendidos, que supuran sentimientos (de cariño, de odio, de frustración, de empatía) y que comparten un ingrediente que a un tercero se le escapa: el contexto y el código privado. Detrás de los mensajes hay situaciones vividas, acontecimientos compartidos y complicidades ocultas totalmente inaccesibles para ajenos.

Debería ser inevitable inundar el texto de sics y de notas de traducción del tipo:

  • nivel de alfabetización en la lengua,
  • empleo de dialectos, localismos y culturemas,
  • intervención del corrector automático,
  • género en cada idioma,
  • uso de signos de interrogación y exclamación e intensidad,
  • emojis,
  • partes de los mensajes que posiblemente se hayan escrito ya originalmente en el idioma al que traducir el resto,
  • solapamientos de las intervenciones de los interlocutores, etc.

¿La prueba del delito?

En adición, el hermetismo y la falta de información sobre el procedimiento en curso hacen que, muchas veces, desconozcamos el uso que se va a dar a nuestra traducción. ¿Se trata de un mero documento contextual aportado por una de las partes en las diligencias preliminares? ¿Se busca un cotejo a una traducción presentada por una de las partes? ¿Estamos ante una prueba clave capaz de hacer que alguien pueda o no ser acusado?

Por ello, no estaría de más insertar un comentario de este tipo cuando entreguemos la traducción, sobre todo si dichas instancias requieren una identificación del traductor:

«La calidad y fidedignidad de la presente traducción viene condicionada por las carencias ortotipográficas, sintácticas y gramaticales propias del tipo de texto, por el desconocimiento del traductor del contexto y códigos privados, y por la libre interpretación a la que ha tenido que recurrir para completarla».

Una traducción poco rentable

Para terminar, el aspecto económico. Al tratarse habitualmente de encargos de instancias policiales o judiciales, las condiciones económicas suelen estar previamente pactadas por contratos, contratos en los que, por lo menos hasta la fecha, no suelen contemplar una tarifa por palabra superior a la de una traducción normal.

El esfuerzo de relectura, interpretación, notas de traducción, etc. no verá una compensación económica. La tarifa por hora, más justa, está reservada a los servicios de interpretación, en los que la hora de comienzo y final del servicio cuenta con testigos, algo de lo que normalmente carece el traductor.

Por Jon Arbizu, director de Traducciones CCI

Las opiniones del autor/a no reflejan necesariamente la posición oficial de ANETI.

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