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Control de calidad en traducción: evaluación del desempeño y resolución de incidencias

Gestión de calidad en traducción: evaluación del desempeño y resolución de incidencias

En el ámbito de la traducción profesional, la calidad no se limita a una buena entrega. El verdadero valor de un servicio lingüístico de alto nivel se demuestra cuando el proyecto ya ha finalizado: en la capacidad de evaluar el desempeño, gestionar incidencias de forma estructurada y transformar cada experiencia en una oportunidad de mejora.

Lejos de ser un trámite adicional, esta fase posterior a la entrega de los documentos traducidos al cliente es una herramienta poderosa para optimizar procesos, mejorar la toma de decisiones y consolidar relaciones de confianza con clientes y colaboradores. Un sistema sólido de evaluación y resolución de incidencias no solo corrige errores: previene recurrencias, profesionaliza el flujo de trabajo y consolida una cultura interna basada en la mejora continua y la excelencia lingüística.

Breve repaso: las fases esenciales del control de calidad en traducción profesional

Antes de abordar la evaluación del desempeño y la gestión de incidencias, es importante recordar que un proceso de traducción profesional incluye varias etapas fundamentales orientadas a asegurar la calidad desde el inicio.

  • Preflight del proyecto: revisión inicial del material, análisis del contexto, definición de recursos y objetivos.
  • Traducción por un traductor especializado: asignación de profesionales con experiencia comprobada en el área temática correspondiente.
  • Revisión por un segundo traductor: comprobación del contenido traducido para asegurar fidelidad, coherencia y precisión.
  • Control de calidad lingüística (QA): ajustes de estilo, tono y naturalidad para lograr un texto fluido y adecuado al público objetivo.
  • Revisión final por parte del Project Manager: verificación técnica y formal del archivo antes de su entrega al cliente.

 

Estas fases permiten construir un flujo de trabajo riguroso, que no solo reduce errores, sino que garantiza resultados profesionales en cada entrega. Sin embargo, el compromiso con la calidad no termina aquí: continúa una vez finalizado el proyecto.

Evaluación del desempeño y gestión de incidencias: mejora continua

Una parte fundamental —y a menudo infravalorada— del proceso es la evaluación posterior del trabajo realizado y la gestión de posibles incidencias, con el objetivo de alimentar un ciclo de mejora continua tanto a nivel individual como organizacional.

Evaluación del desempeño

Una vez finalizado el proyecto, se analiza el rendimiento del traductor y/o revisor en base a varios factores:

  • Precisión terminológica.
  • Consistencia y fidelidad al contenido original.
  • Cumplimiento de instrucciones, glosarios y guías de estilo.
  • Fluidez y calidad lingüística general.
  • Cumplimiento de plazos y capacidad de respuesta.

 

Esta evaluación puede ser interna o, en algunos casos, complementarse con feedback del revisor o del cliente. Cuando existe una relación continua, estos datos son valiosos para decidir futuras asignaciones y optimizar la selección de recursos.

Gestión de incidencias

Cuando se detectan errores relevantes o se recibe una reclamación, se activa un protocolo de revisión y análisis que sigue criterios objetivos y documentados. El procedimiento habitual incluye:

  1. Registro de la incidencia, con descripción clara del problema y del contexto en que se ha producido.
  2. Revisión contrastada del contenido, solicitando la opinión de un segundo lingüista que no haya participado en el proyecto, para obtener una visión objetiva del error.
  3. Detección de la causa raíz, ya sea un malentendido en las instrucciones, un fallo de revisión o una omisión humana o técnica.
  4. Corrección del documento, si procede, y nueva validación antes de reenviar al cliente.
  5. Documentación completa de la incidencia, incluyendo el error, su impacto, la resolución aplicada y las acciones preventivas recomendadas para evitar recurrencias.

 

Este tipo de análisis no busca señalar culpables, sino fortalecer el sistema, detectar posibles puntos débiles y afinar procesos y flujos de trabajo. Además, permite construir una base de conocimiento interno que contribuye al crecimiento profesional de los equipos y a una mayor satisfacción del cliente.

Documentación de incidencias: el papel de los Corrective y Preventive Action Forms (CAF y PAF)

Dentro de un sistema de gestión de calidad estructurado, no basta con detectar y resolver una incidencia. Para garantizar que el conocimiento generado por esa experiencia se conserve y se traduzca en mejoras reales, es fundamental documentarla adecuadamente. Aquí entran en juego dos herramientas clave: los CAF (Corrective Action Forms) y los PAF (Preventive Action Forms).

Corrective Action Form (CAF): corregir y evitar la repetición

Un CAF se activa cuando ya ha ocurrido una incidencia relevante —por ejemplo, una queja del cliente, un error grave identificado por el revisor o una omisión crítica detectada por el Project Manager antes de la entrega. Su objetivo principal es corregir el problema, analizar su causa raíz y aplicar medidas que impidan que se repita.

Un CAF incluye:

  • Descripción detallada del error o incidencia.
  • Identificación del punto exacto del proceso donde ocurrió.
  • Análisis de la causa (por qué se produjo).
  • Medidas correctivas aplicadas (qué se hizo para solucionarlo).
  • Seguimiento de la implementación (quién verifica y cuándo).

 

Este formulario puede originarse a partir de:

  • Feedback del cliente, especialmente en proyectos recurrentes o sensibles.
  • Observaciones del equipo interno, como revisores, segundos traductores o PMs, que identifican errores durante el flujo de trabajo.

Preventive Action Form (PAF): anticiparse al error

A diferencia del CAF, un PAF se genera cuando no se ha producido un error, pero sí se ha detectado un riesgo claro que podría afectar a futuros proyectos si no se actúa. Se trata de una acción preventiva, y su valor reside en anticiparse antes de que ocurra el fallo.

Por ejemplo:

  • Un revisor detecta que una instrucción ambigua ha estado a punto de generar un error.
  • Un PM observa que un archivo de referencia contiene términos desactualizados o inconsistentes.
  • El cliente entrega material con información contradictoria que podría inducir a error en proyectos similares.

 

En estos casos, se crea un PAF que:

  • Registra la situación de riesgo identificada.
  • Detalla el posible impacto si no se actúa.
  • Propone una acción preventiva (como actualizar el glosario, reformular instrucciones, modificar el flujo de QA).
  • Asigna responsables y establece un plan de seguimiento.

Ambos documentos —CAF y PAF— deben almacenarse en el sistema de gestión de calidad, integrarse en las bases de conocimiento internas y compartirse, cuando proceda, con los equipos implicados. Son herramientas esenciales para construir un historial de casos que permita aprender de la experiencia, tomar decisiones informadas y mejorar continuamente los procesos lingüísticos.

Gestión de calidad en traducción: convertir los errores en oportunidades de mejora continua

Incorporar una fase estructurada de evaluación y gestión de incidencias permite corregir errores puntuales. También se convierte en una herramienta estratégica que impulsa la mejora continua, fortalece la colaboración y aporta valor tanto a nivel operativo como relacional.

Fomentar una cultura donde los errores se analizan, se comprenden y se documentan no es un signo de debilidad, sino una muestra de madurez profesional. La calidad no es un estado estático: es un proceso que se construye proyecto a proyecto, equipo a equipo.

Este enfoque, bien gestionado, permite:

  • Fortalecer la relación con el cliente mediante una gestión transparente, receptiva y orientada a soluciones.
  • Crear una base de conocimiento real y aplicable, a partir de incidencias documentadas y resueltas de forma colaborativa.
  • Identificar patrones de error que invitan a rediseñar flujos de trabajo, asignaciones de recursos o procesos de revisión.
  • Detectar oportunidades de mejora tecnológica: desde cambiar de herramienta de QA hasta automatizar ciertas fases del control final.

 

Implementar estas medidas refuerza la confianza del cliente, mejora la coordinación interna y proporciona una base sólida para tomar decisiones con mayor precisión. En un sector donde la exactitud, la agilidad y la capacidad de adaptación son clave, la mejora continua no es solo un ideal: es una ventaja competitiva y una responsabilidad compartida.

En este contexto, la gestión de calidad tras la entrega se convierte en un elemento diferenciador. Es lo que permite a los proveedores lingüísticos evolucionar, adaptarse y ofrecer, además de traducciones correctas desde el punto de vista lingüístico, soluciones cada vez más afinadas, estratégicas y alineadas con los objetivos de sus clientes.

Porque en traducción, los estándares se alcanzan con rigor, pero solo se mantienen con evolución constante.

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Anna Misiewicz

Soy Co-CEO y Directora de Producción en Overseas Translations, donde además de coordinar todas las operaciones y el departamento de calidad, lidero la estrategia de comunicación corporativa y marketing digital.

A lo largo de mi carrera, he desempeñado puestos de responsabilidad en empresas como TransPerfect, donde dirigí equipos globales en el ámbito de Life Sciences. Mi formación en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos en la Universidad de Varsovia, junto con el dominio de cinco idiomas, me han permitido desarrollar una visión global del sector y una fuerte vocación por la comunicación eficaz y cercana.

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