Hoy, 13 de octubre, se celebra el día del Lenguaje Claro. Y para celebrar esta efeméride completamos nuestra serie de artículos sobre lectura fácil y lenguaje claro, analizando el papel de los profesionales de la traducción en ambas situaciones.

Indudablemente, si tuviéramos que traducir un texto de manera que resulte accesible para lectura fácil, tendríamos que adaptarnos totalmente a ese requisito. El texto cumplirá unos requerimientos tanto de estilo como de formato y habrá que respetarlos fielmente, pues no debemos olvidar que la lectura fácil está dirigida sobre todo a personas con dificultades cognitivas o con un escaso conocimiento del idioma.

El proyecto de lenguaje claro, además de voluntad por parte de las instituciones, necesita de profesionales y expertos en la materia. En este sentido los profesionales de la traducción jugamos un papel importante. Podemos formarnos y sumarnos al cambio. Pero, ¿debemos los traductores sumarnos incondicionalmente a ese proyecto de lenguaje claro?

En principio, los traductores podríamos realizar una importante pedagogía con nuestros clientes. Porque, además, el lenguaje claro es rentable para ellos: aumenta la confianza en las empresas o entidades; mejora su reputación; ahorra costes derivados de una incorrecta compresión de la información; agiliza los trámites y optimiza el tiempo de gestión; disminuye las dudas, quejas y consultas…

Y, sin duda, facilita las traducciones. Seguro que todos estamos de acuerdo en que, dedicando un poco de tiempo a la adaptación del material de origen desde el primer momento, se ahorraría tiempo, dinero y recursos en la traducción.

Todos hemos recibido para traducir textos mal construidos, con conceptos abstractos e incoherencias, con texto superfluo, jerga confusa… Tanto que hemos tenido que “adivinar” su significado. Y seguro que también nos hemos encontrado con textos farragosos y confusos en los que intuimos que precisamente esas dos características son su razón de ser y que no tendremos más remedio que mantener.

¿Podemos “intervenir” en un texto redactado por un experto en su materia, pero poco competente en la redacción? Posiblemente, sí.

No debemos olvidar que traducir no es sino producir en un texto meta en otro idioma un texto origen manteniendo su registro.

Este punto es además especialmente sensible con la irrupción de la traducción automática.

La TA necesita textos limpios y correctos para funcionar bien. Hay que pensar en la manera de escribir el texto original mediante normas que afectan a la gramática, léxico y estilo para facilitar su procesamiento mediante herramientas de tratamiento de textos.

Aunque cada vez de mayor calidad, los textos traducidos de forma automática suelen estar lejos de la perfección y generalmente han de ser poseditados o corregidos. Con el fin de optimizar el proceso de posedición, un posible planteamiento es utilizar la preedición para evitar problemas de análisis y traducción.

Es el llamado lenguaje controlado, consistente básicamente en usar un vocabulario restringido, unas estructuras sintácticas simples o evitar determinadas unidades fraseológicas (locuciones, refranes, enunciados fraseológicos…).

Uno de los primeros intentos de restringir el lenguaje en lengua inglesa fue BASIC (Basic American Scientific International Commercial), que fue desarrollado por Charles K. Odgen en 1930 con el objetivo de facilitar la comunicación de contenido científico y comercial. Pero el primer lenguaje controlado, desarrollado en el seno de la industria para la creación de documentación técnica, fue el CFE (Caterpillar Fundamental English), que incluía un vocabulario básico de 800 palabras basado en BASIC, además terminología técnica.

Obviamente, las reglas para los idiomas controlados son diferentes de un idioma a otro, pero estas 10 normas son básicas, y comunes para todos:

1. Escribe oraciones que tengan menos de 25 palabras.

    • Sé breve
    • Evita la ambigüedad y la subordinación
    • Evalúa la información

2. Escribe oraciones que expresen solo una idea.

    • Oraciones simples
    • Evita gerundios, yuxtaposición, etc.

3. Escribe la misma oración si quieres expresar el mismo contenido.

    • No tengas miedo de repetir
    • Evita los sinónimos

4. Escribe oraciones gramaticalmente completas.

    • Oraciones gramaticalmente y ortográficas correctas
    • Evita la elipsis.

5. Escribe oraciones que tengan una estructura gramatical simple.

    • Evita la yuxtaposición, la subordinación, los pronombres relativos, etc.

6. Escribe oraciones en forma activa.

    • Evita la voz pasiva

7. Escribe oraciones que repitan el sustantivo en lugar de usar un pronombre.

    • Evita pronombres

8. Escribe oraciones que usen artículos para identificar sustantivos.

    • Utiliza el, esto, etc.

9. Escribe oraciones que usen palabras de un diccionario general.

    • No uses palabras técnicas y, si has de usarlas, acude a las de uso más habitual

10. Escribe oraciones que usen solo palabras con la ortografía correcta.

    • Evita errores de ortografía